Marca.svg

Artículo publicado en Marca.com.

Food trucks gourmets

 

Desde hace unos años, caravanas, furgonetas e incluso camiones de diseño se convierten en improvisados establecimientos hosteleros intentando combatir la idea de que solo sentado se come bien. Son los food trucks gourmet, y han venido para quedarse. Entre otras cosas porque no solo pretenden ejercer como cocinas ambulantes para matar el hambre. Prueba de ello es que cuidan tanto la gastronomía como el lugar desde el que la sirven. Esas son las señas de identidad con las que han sabido encontrar su hueco en un país donde la tradición de la mesa y el mantel está más arraigada que en casi ningún otro lugar. El objetivo era convencer de que era posible comer sobre la marcha sin renunciar a la calidad y disfrutando de una experiencia diferente, y poco a poco están superando el reto.

 

 

De momento, se han hecho imprescindibles en todo festival y evento que se precie al hilo del movimiento vintage. Y eso a pesar que los food truck no son nada nuevo. Al menos no en países como Estados Unidos, donde comenzó esta tradición allá por el siglo XIX. Cuentan que apareció en Texas, donde las reses de los vaqueros pacían a lo largo y ancho de amplias superficies, lo que conllevaba un problema, y es que quienes las custodiaban pasaban largos períodos aislados, sin posibilidad de acercarse a un lugar donde disfrutar de comida caliente. Fue un ganadero llamado Charles Goodnight quien decidió solucionar el problema cuando le tocó prepararse para trasladar el ganado en un viaje que duraría 8 semanas atravesando parte del desierto.

No se lo pensó dos veces y se hizo con la que dicen que fue el primer food truck de la historia, que llenó de alimentos en conserva, un buen cajón de condimentos, agua y leña que le permitiera cocinar. Aunque no todas las teorías coinciden con este origen. Otros sitúan los inicios de los food truck en grandes ciudades como Rhode Island.

14866278492030

 

Allí, un emprendedor llamado Walter Scott pensó que podría vender pasteles y sándwiches por las calles de Providence en un carro de caballos aprovechándose de que los restaurantes cerraban a las 20:00 y él podía alargar el horario. Además, no hacía falta que los clientes fueran a su establecimiento, él mismo podía llevar el establecimiento a sus pies para ahorrarles las molestias.

Food trucks y slow food

De esas historias hace más de siglo y medio, y en este tiempo los food truck han evolucionado en distintas direcciones. Al igual que cada restaurante tiene su propio sello, no todas los food truck son iguales. Hay quien cuida como nadie la estética centrándose en deliciosos tentempiés orgánicos, como Silvia y Javi, los creadores de Caravan Made; otros que difunden productos locales como el porc negre mallorquín tras la barra de una caravana metalizada, como Alicia Vicens y Julián Yukihisa desde La Pick Up; y también están quienes empezaron a formar parte de la cultura de la gastronomía sobre ruedas como una extensión de sus respectivos establecimientos con la idea de dar a conocer lo mejor de su tierra.

Este último caso fue el de Chema Ramón y Joan Luque, propietarios del Hotel La Casa del Río y El Celler dels Joglar respectivamente. Ambos compartían la pasión por la cocina y la tradición de los productos del Pirineo, y con la idea de compartirlos pusieron en marcha el proyecto Sabor A Pirineo a través de un buque insignia: su food truck, desde el que acercan al público las excelencias de los artesanos gastronómicos de las montañas pirenaicas tanto catalanas como aragonesas. Y como muestra de su compromiso con el producto local, el 0,7% de sus beneficios van destinados a causas sociales relacionados con las montañas del Pirineo.

La filosofía que acompaña a este tipo de food trucks es la de slow food o kilómetro cero. O lo que es lo es lo mismo: cocina con productos de proximidad, cultivados en la zona y elaborados con mimo para ofrecer un plato de calidad. Un concepto que trata de acabar con la mala fama de la comida rápida demostrando que el buen producto también se puede comer tras la barra de una furgoneta. ¿Quién dijo que comer sobre la marcha está reñido con comer bien?